Ollados, vainicas y refuerzo perimetral: qué acabado pide tu trabajo
Qué hace cada acabado de lona, cuántos ollados van, qué margen pide tu diseño y cuál de los tres sale hoy de nuestro taller: solo el ollado.
Guía · 6 min de lectura
Uno aguanta meses en un escaparate liso y el otro años en una furgoneta. La diferencia está en el plastificante, y decide si el trabajo se levanta o no.

Es la pregunta más repetida del gran formato y la que peor se responde, porque casi siempre se responde con el precio. Los dos se imprimen igual y a la misma resolución. Lo que cambia es cuánto tiempo se queda pegado el vinilo y a qué formas es capaz de pegarse.
El PVC de un vinilo es rígido de por sí: lo que lo hace flexible es el plastificante que lleva dentro, y ahí está toda la diferencia. El monomérico usa moléculas pequeñas que con el tiempo y el calor se van. Cuando se van, el vinilo se encoge: tira de sus propias esquinas, se levanta por los bordes y en una curva termina despegándose. El polimérico usa cadenas largas, mucho más estables, y por eso se mueve mucho menos y aguanta donde el otro no llega.
De ahí sale algo que parece contradictorio: el polimérico es más fino, 80 micras frente a las 100 del monomérico, y aun así dura más. Ese grosor de más es rigidez, no acabado, y la rigidez es justo lo que estorba sobre una superficie que no sea plana.
Su terreno es el interior y la campaña con fecha de caducidad: escaparates, rebajas, una apertura, cartelería pegada sobre foam, PVC o pared lisa, señalética temporal. Aguanta hasta tres años en interior y se quita sin dejar rastro, que en un local alquilado importa tanto como lo que dura.
Dónde falla, sin excepción: en curvas y sobre remaches. Un lateral de furgoneta con nervios, un rótulo cilíndrico o una puerta con moldura no son superficies planas por mucho que lo parezcan de lejos, y ahí el monomérico se levanta. La regla práctica es antipática pero funciona: si dudas de si la superficie es plana, no lo es.
Hasta cinco años de intemperie, curva suave y túnel de lavado. Es el estándar de la rotulación de vehículos y de cualquier letrero que se pone una vez y se olvida: chapa, metacrilato, PVC de fachada. En vehículo va con laminado brillo, que es el acabado que todo el mundo reconoce como furgoneta rotulada; en una fachada con el sol de frente, mate, para que el rótulo se lea en vez de devolver el reflejo.
El laminado no es un capricho estético. Es una capa transparente que protege la tinta de los rayos UV y de los arañazos, y sin ella el vinilo dura bastante menos en exterior. Se cobra por metro cuadrado, así que en un vehículo entero es una partida del presupuesto y no un detalle que se añade al final.
La diferencia de precio por metro cuadrado entre los dos existe, pero es pequeña al lado de lo que cuesta aplicar. Lo que un rotulista cobra a cliente final por un vehículo rotulado está muy por encima del precio del material impreso, y esa distancia es mano de obra. Poner monomérico en una furgoneta para ahorrar unos euros por metro significa pagar la mano de obra dos veces: la de ponerlo y la de quitarlo cuando se levante.
El mismo razonamiento vale al revés. Pagar polimérico con laminado para una campaña de rebajas de tres semanas es comprar cinco años de durabilidad que se van a la basura en veinte días.
En resumen
El vinilo monomérico y el polimérico se diferencian en el plastificante. El monomérico lleva moléculas pequeñas que migran con el tiempo, así que el vinilo se encoge, se levanta por los bordes y no aguanta curvas ni remaches: su sitio es el interior y las campañas cortas sobre superficie lisa, con una duración de hasta tres años. El polimérico lleva plastificante de cadena larga, es más fino, 80 micras frente a 100, y se adapta a curvas suaves: aguanta hasta cinco años en exterior y es el estándar de la rotulación de vehículos, siempre con laminado, porque sin esa capa protectora la tinta se degrada mucho antes al sol.
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