Cómo preparar tu archivo para imprimir por metros
PNG con fondo transparente, 300 ppp al tamaño final y 2 mm de grosor mínimo: las decisiones que hacen que un pliego salga bien a la primera.
Guía · 7 min de lectura
Qué hace cada acabado de lona, cuántos ollados van, qué margen pide tu diseño y cuál de los tres sale hoy de nuestro taller: solo el ollado.

El material de una lona se elige en cinco minutos. Donde se estropean los pedidos es en la confección: el refuerzo perimetral, los ollados, la vainica. Es lo último que se decide, lo primero que se olvida al maquetar y lo único que no publica casi nadie. En la mayoría de las webs del sector los acabados aparecen dentro del configurador, al final, cuando ya has elegido material y medida.
Aquí la tarifa de cada acabado está publicada en la página de precios, con la unidad en la que se cobra. Y la unidad es la mitad del asunto: hay acabados que van por pieza, otros por metro lineal de borde y otros por metro cuadrado. Comparar dos presupuestos sin saber la unidad no es comparar nada.
Las cuatro lonas se pueden pedir con ollados, que se cobran por unidad y llevan su tarifa publicada. El refuerzo perimetral que remata el canto y la vainica que hace el bolsillo del tubo todavía no salen de nuestro taller. Es la diferencia que hay que tener en cuenta al comparar nuestro precio con el de una web que da los tres por hechos, y también al planificar el montaje.
Esta guía sigue explicando los tres porque los tres se piden por su nombre, y sobre todo porque hay que decidirlos antes de maquetar: el margen que pide cada uno se come parte del diseño y con la lona ya impresa no tiene arreglo. Los dos que no hacemos los cose un taller de confección o tu propio montador. Si tu trabajo depende de uno de ellos, escríbenos antes de pedir y lo hablamos con la medida delante.
Es un dobladillo térmico en todo el borde de la lona. Su trabajo no es estético: reparte la tensión y evita que el viento desgarre la lona por su punto más débil, que es siempre un ollado. Sin refuerzo la lona se corta al límite y aguanta menos.
En el sector va incluido en el precio y casi nunca hay que quitarlo. Aquí no lo hacemos todavía, así que nuestras lonas salen con el canto cortado al límite. Eso no las inutiliza. Una lona grapada a un bastidor, pegada a un panel o metida en un marco no necesita refuerzo ninguno. En fachada expuesta sí cambia el montaje: conviene repartir la sujeción entre muchos puntos y no dejar que la pieza golpee contra la pared con cada racha.
El ollado es el agujero reforzado por el que pasa la brida o la cuerda, y perfora la lona a dos o tres centímetros del borde. Eso convierte los primeros cinco centímetros de tu diseño en zona de sacrificio: cualquier texto, logotipo o remate que caiga ahí va a salir agujereado. Es el error más caro de esta categoría, porque no se ve en pantalla y no se descubre hasta que la lona está confeccionada, que es cuando ya no tiene arreglo.
Cuántos poner. Las cuatro esquinas bastan para una pancarta pequeña colgada en un sitio protegido. Cada 50 cm en todo el perímetro es lo estándar del sector en exterior, y es lo que reparte el viento de una fachada entre muchos puntos en vez de cuatro: en una lona sin refuerzo perimetral, que es como sale la nuestra, esa separación pesa más todavía. Cada 100 cm es el término medio para piezas medianas que no reciben ráfagas.
Un detalle de coste que se pasa por alto: los ollados se cuentan por perímetro, no por superficie. Dos lonas de la misma superficie, una cuadrada y otra larga y estrecha, no llevan ni de lejos el mismo número. Si tienes libertad con la forma, la proporción también es dinero.
El de policarbonato es transparente, no se oxida nunca y es el que va marcado por defecto: es el que conviene en fachada y en cualquier sitio que se moje, porque el óxido de un ollado termina bajando por la lona y manchando la impresión. El metálico aguanta más tensión y es el de las lonas grandes o las que se tensan con cable. Cuesta un poco más por unidad, y cuánto exactamente está en la tarifa pública, no escondido al final del pedido.
Es un bolsillo cosido en el borde para meter dentro un tubo, una barra o un contrapeso. Es lo que permite colgar una banderola sin un solo ollado visible, lo que mete un photocall directo en una estructura de tubo y lo que mantiene tensa una lona colgada por arriba con peso abajo.
Pide margen: hay que dejar diez centímetros de seguridad por el lado que la lleve, porque ese borde se dobla sobre sí mismo y lo que caiga ahí desaparece dentro del bolsillo. Se hace superior e inferior, que es lo normal para colgar, o en los dos laterales, para tensar entre dos postes.
En el sector se cobra por metro lineal de borde confeccionado, así que en una pieza ancha la vainica arriba y abajo es una partida con peso propio y no un remate barato. Compensa cuando el montaje la pide; no compensa «por si acaso».
Hoy no sale de nuestro taller, y para un photocall o una banderola hay tres salidas. El bastidor con velcro perimetral, que se monta y se desmonta en un minuto y no pide acabado ninguno. Los ollados, que sí ponemos y que atan la pieza a la estructura de tubo con bridas, a cambio de dejarlos a la vista. O encargar el paño impreso con diez centímetros de margen por los lados que vayan a llevar vaina y darle el remate a un taller de confección, que es lo que ya hace mucho rotulista con la lona que compra por metros.
En resumen
Una lona lleva tres acabados posibles: refuerzo perimetral, ollados y vainica. El refuerzo perimetral es un dobladillo térmico del borde que reparte la tensión y evita el desgarro. Los ollados perforan a dos o tres centímetros del borde, así que el diseño tiene que dejar cinco centímetros de margen sin nada importante; se piden en las cuatro esquinas, cada 50 cm (lo estándar en exterior) o cada 100 cm, y se cuentan por perímetro, no por superficie. La vainica es un bolsillo cosido para meter un tubo o un contrapeso, permite colgar sin ollados a la vista y exige dejar diez centímetros de margen por ese lado. En pormetros se confeccionan los ollados, en las cuatro lonas y con su tarifa por unidad publicada; el refuerzo perimetral y la vainica todavía no, así que esos dos los cose un taller de confección.
Sigue leyendo
PNG con fondo transparente, 300 ppp al tamaño final y 2 mm de grosor mínimo: las decisiones que hacen que un pliego salga bien a la primera.
La serigrafía gana en tiradas largas, tacto y tintas especiales. El DTF gana en todo lo demás. Dónde está el punto de cruce y cómo decidir.
La sublimación solo funciona en poliéster claro, pero desaparece al tacto. El DTF va sobre cualquier cosa. Guía por tejido para no equivocarse.
Sin registro: metros con decimales, precio por metro y por metro cuadrado, y el día en que queda listo para enviar con cada plazo.