DTF o sublimación: cuál usar según el tejido
La sublimación solo funciona en poliéster claro, pero desaparece al tacto. El DTF va sobre cualquier cosa. Guía por tejido para no equivocarse.
Guía · 6 min de lectura
La serigrafía gana en tiradas largas, tacto y tintas especiales. El DTF gana en todo lo demás. Dónde está el punto de cruce y cómo decidir.

Quien vende DTF suele contar que la serigrafía está muerta. No lo está, y decirlo es la mejor forma de que un cliente vuelva enfadado. Son dos técnicas que resuelven problemas distintos, y hay un punto bastante claro en el que una deja de tener sentido y empieza la otra.
La serigrafía empuja tinta a través de una malla tensada, con una pantalla por cada color. Preparar esas pantallas cuesta tiempo y dinero antes de estampar la primera prenda: insolarlas, registrarlas, calibrar la máquina. A partir de ahí, cada prenda adicional sale casi gratis.
El DTF imprime el diseño completo, con todos sus colores y su capa de blanco, sobre un film que después se transfiere con calor y presión. No hay pantallas ni registro: el coste de arrancar es cero, y la prenda número uno cuesta lo mismo que la doscientos.
La regla gruesa que usamos hablando con talleres: por debajo de unas 30 prendas del mismo diseño, el DTF gana casi siempre. Entre 30 y 80 depende del número de tintas: si el diseño tiene uno o dos colores planos, la serigrafía se adelanta pronto; si tiene seis, tarda mucho más en compensar. Por encima del centenar, con diseño estable y colores planos, la serigrafía es difícil de batir.
Cuidado con una trampa habitual del cálculo: hay que hacerlo por pedido, no por año. Cuatro pedidos de 25 camisetas iguales no son una tirada de 100, porque las pantallas se vuelven a preparar cada vez, o hay que almacenarlas y volver a registrarlas.
Es la objeción real de casi todo el que viene de serigrafía, y se puede mitigar bastante: diseños calados en lugar de manchas macizas, film mate, polvo adhesivo fino y un segundo planchado con papel siliconado que aplasta el relieve y baja el brillo. No convierte el DTF en serigrafía, pero acorta mucho la distancia y evita ese acabado de pegatina que delata un transfer barato.
En resumen
El DTF es más rentable que la serigrafía en tiradas cortas (por debajo de unas 30 prendas del mismo diseño), en diseños a todo color y en personalización unitaria, porque no tiene coste de preparación de pantallas y la primera prenda cuesta lo mismo que la última. La serigrafía sigue siendo mejor en tiradas largas del mismo diseño con pocos colores planos, en tintas especiales (puff, metalizados, descarga) y en tacto, porque la tinta queda dentro del tejido y no como una capa sobre él.
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